La primera víctima de la revolución del 24 de marzo de 1976, fue una mujer. La Vicepresidenta a cargo de la Presidencia de la Nación Argentina: la señora María Estela Martínez de Perón. Compañera y viuda del líder indiscutido del Justicialismo Nacional. Fue la mandataria constitucional que más tiempo permaneció en prisión: cinco años, tres meses y ocho días. Fue acusada de varios delitos que fueron desestimándose uno a uno ante diferentes estrados judiciales, y en gran parte fue defendida por un Defensor Oficial.
Nadie la recordó y menos la hizo partícipe, ni en el mes de la mujer, junto con al resto de las víctimas, pese a que aún vive.
Asumido el gobierno por las autoridades militares, comenzaron los secuestros de personas conocidas por su militancia política, luego, con las libretas de los detenidos, siguieron con sus conocidos. Las detenciones hechas a altas horas de la madrugada y por civiles con capuchas, se justificaban en que estaban a disposición del PEN (Poder Ejecutivo Nacional). A las detenciones siguieron las torturas, las violaciones a las mujeres y los saqueos de sus casas. Estas últimas actitudes no fueron órdenes sino excesos. Para ello se crearon “centros de detención clandestinos” dejando los “campos de concentración nazis” como juego de niños. Muchos, muy torturados no podían ser liberados, para ello se “diseñaron” los llamados vuelos nocturnos. (Arrojaban desde aviones al Río de la Plata, a las personas con un peso en los pies para que se hundieran).
Se habían dado órdenes, pero quien da una orden y otro la cumple de violar o torturar?
En síntesis la filosofía fue: usar la fuerza para “matar al asesino”, “torturar al torturador” o “robar al ladrón”. Es decir se “hacía” lo mismo que se “censuraba”. Todo ello en nombre del Estado Nacional
Bignone sancionó la ley 22.924 llamada “Ley de Pacificación Nacional o Ley de auto amnistía”. A través de la cual los militares quedaban impunes de los crímenes de lesa humanidad cometidos por la dictadura.
Asumido Alfonsín inició el proceso de Juicio y Castigo. Así se preparaba el camino hacia el Punto Final, Ley promulgada en diciembre de 1986 con el número 23.492.
En abril de 1987, domingo de pascua, expresaba el Presidente Alfonsín, desde el balcón de la Casa Rosada: “Felices pascuas; la casa está en orden “ Estaba anunciando el pacto de impunidad que había acordado con los militares.
Fue la capitulación ante la presión militar. Para mantenerse en el poder o defender las instituciones.
Mes y medio después fue sancionada la “Ley de Obediencia Debida”.
En la edición en homenaje al 85 aniversario de la FACA se suscribió el “Acta de Compromiso Democrático” expresando que la ley de punto final era constitucionalmente observable…violando el principio de igualdad ante la ley y que desde un ángulo de pura técnica jurídica contenía un régimen de excepción único e inédito, alterando principios del código de fondo…”
Nunca, hasta ahora esa ley fue derogada. Quedando los secuestrados, violados, torturados y saqueados; expuestos a encontrarse con sus victimarios frente a frente sin haber sido, siquiera reprochados, legalmente, ni moralmente.
En referencia a los actos realizados en Dolores, los representantes del pueblo (funcionarios y dirigentes) realizaron tibios actos desde la seguridad de sus despachos o frente a una pantalla dentro de su casa. Evitando así a la gente. Y los que concurrieron (colocados de espaldas a la pirámide símbolo de la Libertad) no advirtieron que a unos metros se encuentra un monumento a Eva Perón, (también una mujer) “abanderada de los humildes” a la que también se ignoró. Y que dio su vida por derechos que hoy tenemos.
Veo hoy, homenajes a políticos que nunca superaron a líderes como Ricardo Balbín y Juan Domingo Perón. Que el 19 de noviembre de 1972, en oportunidad del histórico encuentro, en la casa de Gaspar Campos, en la que ambos líderes, despojados de todo revanchismo se dieron un ejemplificador abrazo, “El abrazo de la Unidad Nacional”.
Al retirarse Balbín declaró: –El que gana gobierna y el que pierde acompaña- Poniendo así en marcha un proyecto de unidad nacional. No habiendo nadie hoy que levante esa bandera:
Esto lo arreglamos entre todos o no lo arregla nadie (Juan Domingo Perón).
Luis Augusto Raffo